Un delicado acto de amor y humildad
Llegue Al-Anon hace unos años atrás, en mi mayor crisis sentimental, con una guerra
emocional, sin fe, sin esperanza, sin armonía y con mucha verguenza.
Venir a las salas de Al-Anon fue lo mejor que he podido experimentar en mi vida, pedir
ayuda, fue un delicado acto de humildad, ya no estaba sola. Hoy mi proceso de
recuperación continua paso a paso, sin prisas con calma, pero con mucha acción. Sigo
aprendiendo a crecer espiritualmente, aceptando un día a la vez que el alcoholismo es una
enfermedad que afectó mi vida y a mi familia.
Al-Anon me ha enseñado a mantener actos de amor, conmigo misma y con los demás. Es
preciso recordarme que no soy perfecta. Ahora que estoy en un programa de continuo
progreso, comprendo el verdadero valor del amor incondicional.
Amor y humildad son mis delicados actos que me ayudan a mantenerme en Al-Anon.
Adriana Q..