Al-Anon, un regalo de Dios

Vivía anclada en el pasado, en los resentimientos, en la ira y en la frustración. El alcoholismo me golpeó tanto que no encontraba el sentido de la vida.

Llegué a Al-Anon perdida y sin rumbo. En la primera reunión escuché que el programa estaba encaminado a mi propia recuperación, a pesar de que el alcohólico siguiera bebiendo o no. Esto me llenó de esperanza. Recordé que todos los intentos del pasado por tratar de cambiar a otra persona no dieron resultado, pues el trabajo estaba en mí, en mi propio cambio.

Encontré un lugar en donde puedo hablar de mí, expresar mis sentimientos y, sobre todo, escuchar las experiencias de otras personas para enfrentar la enfermedad del alcoholismo. Al-Anon es mi salvavidas, “un regalo de Dios”, un programa de treinta y seis principios que me enseña una mejor manera de vivir. Sé que la decisión de aplicarlo en todas las acciones, está en mí.

Al-Anon me dio la paz y el valor para establecer límites. La relación con mi familia ha mejorado, ya que practico la tolerancia y escucho las opiniones de los demás, en lugar de criticarlos. Mi familiar no cuenta con un programa de recuperación, sin embargo, desprenderme con amor ha permitido que cada uno se haga responsable de sus actos.

La relación con mi Poder Superior es cada vez más estrecha, gracias a lo cual puedo entregarle mi voluntad y mi vida. Estar bajo su cuidado es confiar plenamente en que puedo acercarme a Él las veces que lo necesite.

Ahora presto servicio y tengo la oportunidad de seguir aprendiendo mucho más, puedo también dar algo de la riqueza de la que hoy disfruto y ser responsable de las actividades que me corresponden.
Estoy muy agradecida con Dios y Al-Anon por permitirme llegar y ser parte de esta hermandad.

Sonia J.
Cuenca

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